Hoy en la prensa del día aparece información (algún fleco seguramente) de las dádivas de ciertas empresas implicadas en el caso Renedo dirigidas a, también ciertos, administradores económicos y gestores de la Consejería de Educación.
Y mientras todo eso sucedía, responsables del funcionamiento de centros públicos de enseñanza y representantes de asociaciones de padres de la región veían frustradas sus visitas y sus reclamaciones solicitando a la administración educativa mejoras en las instalaciones y dotaciones de los centros. Solicitudes acompañadas de suficiente documentación acreditativa de la situación de humedad, frío, riesgo de desplome, riesgo de rotura, y seguramente muchas cosas más que rodeaban el escenario diario de sus alumnos; solicitudes
acompañadas de testificaciones, fotografías e informes técnicos de la veracidad
de dichas realidades.
La respuesta siempre la misma: no hay dotación presupuestaria, ni está prevista, no hay un duro, no se puede acometer obra alguna, la situación no es tan crítica puede esperar. Respuestas procedentes de la directora general de centros, si se dignaba asomar su figura ocupando todo el ancho de la puerta (hoy uno se pregunta, ¿cambiaría la indumentaria cuando gustaba de alojarse en
la cadena de hoteles Ritz?), o bien procedente de algun@ de sus lacay@s.
Y mientras todo eso sucedía, mientras se adquirían generadores de energía eléctrica de factura desorbitada para generar luz de obra que, atendiendo
a su coste, podrían generar energía para toda la capital del reino, otros
alumnos se reubicaban en el aula para no coincidir con el caldero que recogía
el agua de las goteras.
Y mientras todo eso sucedía y por sorpresa aparecían en los centros, procedentes de las ínclitas empresas, determinadas dotaciones que, o bien no habían sido solicitadas, o bien no respondían a las necesidades específicas de cada centro, o bien lo que se necesitaba debería dirigirse a …. sin requerir el precio de coste porque eso eran negociaciones directas de Consejería.
Todo eso y más iba calando en la osamenta del pobre trabajador de la arena, del último peldaño y más próximo al alumnado, del trabajador más directo y significativo del hecho educativo.